EL MIGUEL ANGEL DEL SQUASH
LA PINTURA DE UN GANADOR
Por Juan Carlos Santacruz
A sus 22 años es un hombre tímido, pero claro, directo, jovial, siempre calmado. Con una permanente sonrisa, que es la alegría que evoca desde lo más profundo de su ser, para convertirlo en un pulso enorme de pasión y velocidad en la cancha, pero sobre todo de un aroma particular de éxito. Eso es Miguel Angel Rodríguez, un ganador.
Nacido en Bogotá, vivió desde sus años primeros con el sonido de la bola en la cancha, cuando su padre, Angel, impulsaba una bola ganadora. Allí, seguramente, en brazos de madre Constanza, encontró ese alicente íntimo, que lo impulsó, con sus primeros pasos, a franquear rebelde la puerta de ingreso a una cancha de squash, arrastrando una raqueta y pateando una bola. Qué más puede hacer un pequeño que seguir los pasos seguros de su padre.


EL IMPULSO
Desde el casi desconocido municipio de Pesca, en Boyacá, salió su padre Angel y se convirtió, casi por obra de los accidentes de la vida en jugador de squash, y es uno de los pioneros en Colombia. Obtuvo por 11 años consecutivos el primer puesto en el Campeonato Nacional de Squash, entre 1978 y 1990. Fue doble campeón sudamericano en los años 80 y jugó en PSA, donde figuró entre los 150 mejores del mundo.
En esa cuna, inspirada por la señora Constanza Forero, su madre, consagrada deportista, dedicada a la preparación física, se gestó el que hoy es el mejor jugador de squash en Colombia.
Aprendió a jugar cuando tenía 5 años y a los 8 participó en su primer torneo, para menores de Sub 10. Había en ese pequeño una gracia, una soltura y la condición innata de un campeón. Casi sin darse cuenta, empezó a ganar. Cuando apenas tenía 10 años, en el tradicional Canadian Junior Open, consiguió su primer triunfo internacional, fue Campeón de la categoría para menores de 10 años. Entre tanto se formaba en el Colegio Calasanz, donde siempre encontró apoyo, solidaridad y compresión para que pudiera equilibrar el camino educativo con el deportivo.

LA REVELACION
Se tomó confianza con los triunfos en los Abiertos Junior de España, en el 2000 en Sub 15 y en el 2002 en Sub 17. Conoció el nivel de Europa y supo que también allá podía ganar. Era cuestión de tiempo y se convirtió en uno de los mejores juveniles de América. Campeón Panamericano, Buenos Aires 2002, Campeón Sudamericano, Lima 2003. Y un punto inolvidable, doble Campeón del Canadian y USA Junior Open 2003 y 2004. El momento cumbre de su carrera, para convertirse en el jugador junior más ganador de la historia del continente.
EL APRENDIZAJE
Entrenando con su padre, aprendió la técnica y la fundamentación, pero más que eso, labró su carácter y la disciplina. Aprender y seguir aprendiendo ha sido la constante de su carrera deportiva. “Nunca dejas de aprender squash”, confiesa.
Se declara una persona analítica, que aprende observando a los mejores. Aprende jugadas nuevas. El squash tiene más de tres decenas de golpes, y muchos, apenas aplican quizá diez. Involucrar todas las variables es la clave del triunfo. Sostiene que uno de los puntos más importantes es tener en mente múltiples jugadas cuando la bola viene en el aire y saber pensar y desarrollar una estrategia en la cancha.

EL PASO DECISIVO
Tras la ascendente carrera juvenil, llena de satisfacciones, Miguel Angel estaba listo para el profesionalismo. En Colombia logró ganó por primera vez un torneo Profesional en Bucaramanga 2003. Desde ese día ha ganado 18 campeonatos nacionales, conquistó tres medallas de oro en los Juegos Deportivos Nacionales, ganó el título del Campeonato Sudamericano de Mayores en el 2005, inédito para Colombia, y justo en ese año lleno de gloria, debutó en el tour profesional de la Professional Squash Association, PSA.
No obstante, una de sus mayores satisfacciones fue ganarle dos veces en el Sudamericano de Guayaquil en el 2004, al mejor jugador de habla hispana de la última década, el argentino Jorge Gutiérrez. “Yo lo veía muy lejos”, reflexiona, “pero ganarle, y en dos ocasiones seguidas, me llenó de confianza y optimismo”. Esos son momentos que fueron marcando la mente de ganador de Miguel Angel.
En febrero de 2005, cuando ingresó a PSA, fue ubicado en el puesto 299 del ranking profesional, hoy es 36 del mundo. Un vertiginoso ascenso, gracias a sus buenos resultados, después de jugar 22 torneos profesionales. En su primer evento PSA, en La Sporteque PRO-AM 2005 en Québec, llegó a la final. En Bogotá, en su Club, El Nogal, vital para su carrera por el apoyo y patrocinio, le brindó a sus seguidores la mayor satisfacción, derrotar a la siembra No. 1, y ganador en dos ocasiones del Abierto Colombiano, el francés Renan Lavigne. Lloró de emoción al final de encuentro. Y justo un año después, logró lo que parecía imposible hace un par de años, la final del Abierto Colombiano, derrotando otra vez a la siembra uno el canadiense Graham Ryding, No. 19 del mundo. En el intermedio de este ascenso, en noviembre de 2005 tuvo uno de sus puntos más altos, al ganar su primer torneo PSA en Buenos Aires, el Tortugas Open 2005.
Y en el nuevo año, inició una gira ambiciosa que lo llevó a grandes torneos como el Windy City de Chicago, y el Virginia Pro, el segundo título PSA en el Rochester PRO-AM, la participación en el Tournament of Championship de Nueva York, su inigualable puesto en el World Open de Egipto, y ahora estar entre los mejores 40 jugadores del mundo. Es el premio que recibe a sus 20 años de vida, integralmente dedicados al squash.
El 2007 fue su mejor año con 3 títulos y cinco finales PSA. Ganó en Río de Janeiro, en Quito y en México y fue el gran protagonista del oro panamericano del squash colombiano en los juegos de Río. De los grandes juegos llegó además con la medalla de bronce individual.

LOS RETOS
El squash es hoy su vida. Su gran reto para los próximos 12 meses es avanzar hasta los mejores 25 del mundo y continuar en el tour profesional.
Enfatiza en que sentirse un profesional es una verdadera satisfacción y revela que el verdadero impulso para su carrera lo ha encontrado fuera del país, gracias a las palabras de aliento constante, que le permiten alimentar su convicción de seguir los pasos del deporte, a pesar de los enormes sacrificios que significa mantener una disciplina y seguir un plan de entrenamiento.
EL FUTURO
Lleno de ilusiones y esperanzas, con gratos recuerdos de sus triunfos, acicalado con la formación de sus padres y conciente de que los triunfos son pequeñas veleidades sino no construyen un camino fortalecido en el carácter, Miguel Angel, conduce su vida buscando el éxito.
Reservado, mas bien tímido, alegre, profundamente sincero, con un alma transparente, siempre sencillo, pero con una gran convicción de triunfo, en este Miguel Angel colombiano, todos los días se forja la obra irrepetible de un personaje que pasará dejando huella, escribiendo una historia con anécdotas, recogidas en la alegría del triunfo y en la tristeza temporal de las derrotas que enseñan, con la templanza del que sabe su destino, porque no reniega de sus objetivos, escoge sus compañeros de brega y sabe quién lo aprecia integralmente, sin las veleidades propias de la fama pasajera.







